OTRO | PAULA ANDREA PÉREZ REYES

OTRO | PAULA ANDREA PÉREZ REYES

NADIE

 

Nadie ha dividido todas las cosas en dos

Los buenos y los malos 

recorren el allí de un mundo fragmentado en pedazos

entonces ante ellos me hago polvo y grano de arena.

 

Nadie ha escuchado las conversaciones detrás de la puerta. 

Acontece y reparten un botín

Luego echan un muerto sobre sus hombros

es el lugar de la culpa 

en donde soy presa.

 

Nadie ha jugado a cruzar los dedos detrás de la espalda mientras unos ojos juran contigo.

Cuando se juntan las palabras con otras y se guardan en el bolsillo 

descubro que es el portal en donde se guarda todo lo que queda por decir.

 

Nadie se ha sentado a contemplar la caída del día cuando el cielo llora por la ausencia.

Un sol que se oculta 

anuncia un día que no regresará.

 

Nadie se ha quedado con la boca entreabierta mientras los cimientos del infinito se desploman y le caen encima.

No se espera la llegada del ocaso

la primavera ha quedado suspendida.

 

Nadie se ha lamentado por hablarle al silencio que se convierte en pregunta.

Se pasa la página como se recoge un papel del suelo y luego se desecha.

 

Ahora descubro que Yo soy Nadie 

Soy aquel que lo escucha de niño tantas veces, y que al crecer la nadeidad se pega en la punta de la lengua.

Ella se torna en la morada del caracol que hace eco 

Repitiendo una y otra vez que es Nadie.

 

Yo soy Nadie, y la nada corre por mis venas hasta hacerme invisible

Soy Nadie como el rostro del desterrado cuando se hace viejo por la espera.

Soy Nadie cuando soy aquella madre que llora sobre una foto borrosa de sus hijos destrozados.

Soy la tierra de nadie que desea escupir el desprecio de sus moradores.

Esa soy, soy todos los que no son nada, un nosotros que no encuentra lugar.

 


PLEGARIA POR LA NIÑA QUE MERECE MÁS QUE ESTO.

A la niña de la carta que la violencia le arrebató las piedritas del río.

Escucho el grito de la sangre 

el llanto de la madre 

y el eco de su espectro.

 

Silencio

Una madre está llorando.

La veladora de la abuela todavía alumbra 

y yo debería salir a abrazarte, pero solo me habita el silencio.

Leo una palabra tras otra de tu carta, y solo me habita el silencio.

Instante en el que todo se detiene, no es por los que partieron, 

el tiempo se detuvo por los que se quedan.

 

Silencio.

Al tendido de cama le quedaron huecos 

y sale la abuela con la aguja a remendar la herida que supura un recuerdo. 

El dedo en la llaga y el retazo queda lento.

Había una vez que corre en la sala y el silencio no me abandona.

Es verdad niña bonita

tu mereces más que esto.

tus palabras son las pepitas del rosario que cuelga del cuello del santo

que dice: ruega por nosotros, ruega por nosotros…ruega…

y solo se escucha el silencio, era un último disparo.


 

OTRO

Para E, siempre presencia. 

Otro por el que vivo

Otro por el que pienso

 y otro por el que muero. 

Otro por el que el ojo se abre y se cierra, 

y se queda detenido en el tiempo para saciar el hambre.

Salgo por los caminos para escapar, para no encontrarlo y en esa huida, nuevamente se cruzan nuestros ojos.

Otro por el que estoy dispuesto a todo y dejo de recorrer el mundo para quedarme a su merced.

Otro por el que las agujas del reloj marcan el compás de la sinfonía delirante de mis palabras cuando pronuncio su nombre.

Otro por el que no soy otro, pues siendo para él una hoja suelta, 

soy solo la silueta que lo acompaña.


MI CIELO CERRÓ LOS OJOS

Al que la mina le arrebató la luz del día.

 

Para la primera entrada

Claro de luna

 

Tus ojos se abren como frutos de almendro

mientras mis dedos torpes golpean los primeros movimientos de una partitura que se hace relato para ti.

 

Por el aire 

flota una pluma 

que se llevó

el estallido 

El telón negro se hizo mortaja en la cama de un hospital.

 

Aún en la oscuridad de la noche 

la luna llena te acompaña

Ella .te muestra su rostro que evoca una canción en esas noches de vigilia.

 

Los grillos cantan en la espesa hierba verde

Y el sonido de la humedad te dibuja el paisaje

Ahora tus ojos negros

son los ojos de sombra que te acompaña.

 


PAULA ANDREA PÉREZ REYES (1983) MEDELLÍN-COLOMBIA.

Es abogada, filósofa y poeta. Docente investigadora del Grupo GITS adscrito a la Escuela de Ciencias Sociales de UPB y de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad de Antioquia. Desde el 2017 dirige el Semillero de Transformación de Conflictos y el curso Marc 6: Literatura y Conflicto (Universidad de Antioquia).

Es Magíster en Filosofía y candidata a Doctora en Filosofía de la Universidad Pontificia Bolivariana. Es defensora de derechos humanos con énfasis en el reconocimiento de los derechos de víctimas y personas con discapacidad.

Ha participado como presentadora, conferencista y poeta en eventos nacionales e internacionales. Ha publicado numerosos poemas, artículos, columnas y capítulos de libro, en donde se destacan: Poemas del Barrio a la Ciudad, Cuadernos de educación y alteridad, el deseo en la creación poética y Plegarias para tiempos de incertidumbre.


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