PAJARITO QUE VENÍS TAN CANSADO │ RAMÓN PALOMARES


PEQUEÑA COLINA

Pequeña flor blanca eres,
así te llamaría quien va a casarse.
Pequeña colina eres,
así te nombraría quien caza perdices.
Pequeña taza de oro eres,
así te llamaría quien beba su licor.
Pequeña corriente de leche eres,
así te diría quien lave su cabeza bajo el sol.

Pequeña colina que duerme.
Pequeña colina echada como una gallina.
Pequeña colina como una cabeza de plata.
Pequeña colina como una fruta que orea.

Ponte cinco flores en el cabello:
Flor roja para tu alegría, para sonreír.
Flor azul para tu amor, para abrirte los senos y darlos.
Flor morada para llorar como una llovizna triste.
Flor amarilla para cantar con la luz.
Flor blanca, flor blanca, flor blanca,
esta última para que una ilusión ande en ti como la nube.

No hables de tristeza tú, pequeño malabar,
oye la luna comer maíz,
oye las estrellas picar las hojas del guamo.
No bebas la leche de un árbol triste,
mira correr los perros de caza,
bebe agua en el arroyo, lejos, donde van los perros de caza.

Pequeña, como las piedras de los ríos tú eres;
tú pintas el poblado de rojo pequeña colina,
tú eres como un ave para enjaular,
tú cantas y tu boca brilla por tu canto pequeña colina.

Como el manto de la serpiente coral
así de bella tú eres.
Así como el vestido de la orquídea blanca
tú eres de amorosa pequeña colina.

Y te llamarán como una pequeña loma
y en ti pondrán una bandera dulce y tierna.

De EL REINO 

 


                                                                                                                                                                                                           EL SOL

A Elisa Lerner

Andaba el sol muy alto como un gallo
brillando, brillando
y caminando sobre nosotros.
Echaba sus plumas a un lado, mordía con sus espuelas al cielo.

Corrí y estuve con él
allá donde están las cabras, donde está la gran casa.
Yo estaba muy alto entre unas telas rojas
con el sol que hablaba conmigo
y nos estuvimos sobre un río
y con el sol tomé agua mientras andábamos
y veíamos campos y montañas y tierras sembradas
y flores
cantando y riéndonos.
Allí andaba el sol
entre aquellas casas, entre aquellos naranjos,
como una enorme gallina azul, como un gran patio de rosas;
caminando, caminando, saludaba a uno y a otro lado;
hasta que me dijo:
Mi amigo que has venido de tan abajo
vamos a beber
y cayó dulce del cielo, cayó leche hasta la boca del sol.

De PAISANO

 


PAJARITO QUE VENÍS TAN CANSADO

Pajarito que venís tan cansado
y que te arrecostás en la piedra a beber
Decime. ¿No sos Polimnia?
Toda la tarde estuvo mirándome desde No sé dónde
Toda la tarde
Y ahora que te veo caigo en cuenta
Venís a consolarme
Vos que siempre estuviste para consolar
Te figurás ahora un pájaro
Ah pájaro esponjadito
Mansamente en la piedra y por la yerbita te acercás
─“Yo soy Polimnia”
Y con razón que una luz de resucitados ha caído aquí mismo
Polimnia riéndote
Polimnia echándome la bendición                                                                                                                                                                                          ─Corazón purísimo.
Pajarito que llegas del cielo
Figuración de un alma
Ya quisiera yo meterte aquí en el pecho
darte de comer
Meterte aquí en el pecho                                                                                                                                                                                                         Y que te quedaras allí
lo más del corazón.

De ADIÓS ESCUQUE

 


EL PATIECITO

A Pedro Parayma

Me dijo mi padre el Dr. Ángel
─Qué haces Rómulo?
─Estoy desyerbando el patiecito
voy a sembrar                                                                                                                                                                                             Pero…
¿Adónde está lo que te di Rómulo?
De qué estás viviendo?
─Bueno soy escribiente padre
Escribiente
─Entonces
No fuiste lo que yo soñé
─Ay padre
lo que soñaste se lo llevaron las aguas
Ahora sólo hay malezas
malezas ¿ves?
Estoy limpiando el patiecito

De ADIÓS ESCUQUE

 


EL JUGADOR

Yo soy como aquel hombre que estaba sentado en una mesa de juego
Y al promediar la tarde ya estaba bien basado
Y dio y dio hasta que estuvo rodeado de montones de plata
Y ya en la tardecita era puro de oro
Y le llegaban mujeres y le ponían los brazos al cuello
y él se reía
Y estaba lleno de joyas, lleno de prendas
y los ojos y las orejas eran de fina joyería
y los bigotes y la barba eran de verdad piedras! Y muy
Muy preciosas!
Y a las nueve ya estaba en su apogeo
Y la mesa y los jugadores y los que estaban en lo alrededor
brillaban
Y aquello eran nomás soles Y un gran sol que era él
Y esa casa era un solo resplandecer y resplandecer
Y mientras más entraba la noche
más y más claro se hacía
Y el tiempo iba y venía y así
hasta que todo era una gran montaña
Y el hombre estaba en el centro y en lo más alto del monte
Y se veía como una enorme piedra roja y en lo alrededor
todos eran de oro y todos de monedas
riéndose con aquellos dientes que chispeaban
y hablando con sus lenguas de porcelana y rubíes.

Entonces eran como las doce Y el reloj
dijo a dar las doce
Y al ratico nomás quedaba la casa
Y al ratico
nomás quedaba la sala con la gente brillando y brillando
Y ya no quedaba sino la mesa y los montoncitos de oro
Y el hombre miraba a todos lados
Y abría la boca y miraba
Y desaparecieron las mujeres Y vio los montoncitos de
ceniza
Y se quedó desnudo
Y se puso a llorar
Ai se dio cuenta Que todo se le había vuelto noche
Y resplandores Nada!
Todo de luto y hosco
Y esos ojos de él vieron una luz
y volvieron en sí
Y volvieron a mirarse como era él
Y tendió la mano sobre los montoncitos de ceniza
sonriendo
Ya me voy ─dijo
Me voy como me vine ─dijo
“Adiós”
Y se fue por lo oscuro.

De ADIÓS ESCUQUE

 


RAMÓN PALOMARES (Escuque, Trujillo, 1935 – Mérida, 2016)
Poeta, crítico literario, editor y narrador venezolano. Su obra poética está conformada por El reino (1958), Honras fúnebres (1962), Paisano (1964), El ahogado (1964), Santiago de León de Caracas (1967), El vientecito suave del amanecer con los primeros aromas (1969), Adiós Escuque (1974), Mérida, elogio de sus ríos (1975), Elegía 1830 (1980), El viento y la piedra (1984), Alegres provincias. Un homenaje a Humboldt (1988), Lobos y halcones (Antología, 1997), El canto del pájaro en la piedra (Salamanca, España, 2004), En el reino de Escuque (La Habana, Cuba, 2005), Vuelta a casa (Antología, 2006). Fue profesor en la Universidad de Los Andes (Mérida). Formó parte del grupo literario Sardio, y del movimiento artístico y literario El techo de la ballena; en este último, también fue editor de la revista Rayado sobre el techo. Entre los reconocimientos recibidos, Premio Municipal de Literatura del Distrito Federal, Mención Poesía (1965); Premio Nacional de Literatura (1974); en 1991, durante la realización de la Primera Bienal de Literatura Mariano Picón Salas, se le rindió un homenaje a su trayectoria como escritor; en 1997, la Casa de la Poesía J. A. Pérez Bonalde, le dedicó la VI Semana Internacional de la Poesía; Premio Municipal de Literatura del Concejo Municipal del Distrito Libertador del Estado Mérida (1992); Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Los Andes (2001); en 2003, se celebró en la ciudad de Trujillo, la Bienal de Literatura Ramón Palomares, evento que continúa realizándose hasta ahora; fue ganador en 2006, del primer Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora; obtuvo en 2010, el Premio Fray Luis de León de Poesía Iberoamericana, en Salamanca; y le fue conferida postmorten, en 2016, la Orden Libertadores de Venezuela. Sobre su obra poética, el crítico José Napoleón Oropeza, en el libro El habla secreta (2011), escribió, “Ramón Palomares iniciará, a partir de El reino, un experimento hasta ese momento inédito en el panorama de nuestra poesía: lograr el milagro poético a partir del registro de un habla coloquial y utilizar la conversación, entre personajes, como herramienta para construir una fábula… Tras la publicación de El reino se abre en nuestra literatura una puerta: la posibilidad de oír el murmullo de un río, el murmullo de un habla y distinguir los matices que conforman la visión íntima, desolada, pero definitiva, de un ser que monologa frente a nosotros”.

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