LA NOCHE PERFECTA | RICARDO PÉREZ QUITT


Sugerencia: este unipersonal es para darse por un actor o actriz en el interior de un elevador en servicio, cuyo edificio contenga al menos 20-50 pisos. En New York, por ejemplo. También puede darse en otros escenarios convencionales.


LA NOCHE PERFECTA

Primera Parte

8:30 am
Reflejas tu rostro en la pantalla de una apple. La dulce comisura de tus labios y el vidrio de tus ojos son dos gotas de miel. Ya no hay rojo luto en tu negro corazón. En domingo caminas las calles húmedas con zapatillas encendidas. En otro espacio, un atleta parapléjico recibe un jersey conmemorativo del maratón y una patrulla con sirena prendida se pasa el semáforo que cambia de morado a azul. ¿Quién transforma tu vanidad?
14:30 horas
Frunces el ceño a la hora pico, no tomas cerveza, pero tragas saliva. Quieres ponerte tenis y tus jeans rotos. El aire está enrarecido, las cosas no marchan bien en el reloj de tu cabeza. Tres veces te gritas ¡mierda! No fumas, no te inyectas y comes durazno de barba partida. Aún no te conoces a las
14:35
de hoy y de nunca. Observas vía satélite al presidente Obama tomando whisky en las rocas en Playa Varadero. No sueltas nunca tu cel; marcas una llamada escondiéndote atrás de una cabina de teléfono fijo y hablas con el mismo gesto que acostumbras hacer todos los jueves a las
15:00 horas
Muerdes un libro erótico y un concord a manera de flecha atraviesa tu pobre corazón que se inserta como el 767 de American en el World Trade Center. Y de nuevo te fastidias. Insatisfecho tu nuevo corazón derrama dos gotas de dulzura. Un chipi-chipi cae; tu paraguas es un pararrayos, tu mano una vela de cinco pabilos blancos. Saludas a una mujer bella, el cabello al hombro le cubre el tattoo de una cruz svástica y el chipi-chipi moja tu sombra. Una congoja te invade al mismo tiempo que imaginas la figura geométrica de un pez espada. Caminas como una profesional de las zapatillas haciendo pasacalle; el rímel bien aplicado y tus labios violetas por el cambio climático.
15:35 horas
Muchos aviones del mundo departen a la misma hora en aeropuertos internacionales con destino a Nueva Delhi; pero tú estás llegando a tu casa arrastrando la congoja húmeda. Crees que aún existes en el reflejo del agua y los espejos. Crees que aún existes en el corazón de un hombre e irradias una belleza platinum. Hay en tu bostezo contagio de sueño porque sabes que despierta, sueñas la repugnante realidad que no va con el olor de la tinta.
16:00 horas
Sales de nuevo a la calle por el Bulevar Rutina, recibes una muestra de perfume que no va con tu
p.h. Entras a un Starbucks y te preparas un capuchino vainilla. La nube negra no truena a pesar de la descarga electrostática. Empiezas a odiarte, empiezas a quemar tus naves, empiezas atizar la hoguera para incendiar todos los teatros del mundo y matar a la Representación.
19:00 horas
El internet está saturado, el mensaje de espera en tu cel ha pasado a virtual desesperación. El jugo dulce de la naranja por la mañana, tu cuerpo con olor a mandarina y la sed maracuyá. ¡Carajo!, ¿por qué no te pones de una vez por todas el mejor vestido de la Determinación?, y te tiras a la grama y vuelves a contemplar la traslación de las nubes y hacer el amor bajo la sombra de un árbol desnudo. Con el mejor de tus vestidos entreabre y cierra los ojos para que penetre una rendija de sol que te lleve a la vereda de serpientes y culebras y retomar el camino empedrado al infierno, a la sed.
21:00 horas
Tomas un taxi de cabina amarilla. El taxista escucha
–reventando bocinas– una rola declinante de Bono. Te introduces, el taxista baja el volumen al olerte. Tiene mejor olfato que oído. Oídos estropeados, olfato de animal. La rola de Bono se consume como el café negro, cigarro sin filtro.
21:03 horas
Lees un letrero largo: Bisturí / Cirugía plástica / Lipoescultura / Aumento de mama / Lipectomía / Aumento de glúteos / Virgotomía para volver a la virginidad. Lees otros: Vasectomía / Cinemas porno.
24:00 horas
Sueñas… sueñas ruidos, percusiones, sueñas como se abre una lata de aluminio, agitada agua mineral. Sueñas órganos de eclesia; que tomas la hostia, el vino generoso que empalaga. Sueñas que despiertas y vuelves a soñar que duermes. No escuchas, fuera del sueño, el silbato de una maquila coreana que repite la urdimbre y la trama.
13:00 am
Te sueñas en blanco y negro y de la cintura para arriba. Te sueñas en un portal de internet donde nace un indigente entre incienso y neblina. Huelesdenoche. Sueñas el odio con sabor a pápalo y sueñas arándano con olor a hippie; te sueñas en el sueño cuando un grillo digitaliza su bip-bip y observas una piedra amorfa entre tus manos. Sueñas con los ojos abiertos, sueñas con tu cuerpo en figura de ballet. Abres y cierras los ojos como se abre y se cierra una lap top con su sonido xilófono. Abres y cierras los ojos como se abre el piano caoba, como se cierran las bisagras de una puerta azul, como se abre un BMW, como se abre y se cierra el cajero automático que escupe cash. Duermes. Yo, descanso en el desierto bajo la sombra escuálida de una asta bandera que trapea con el viento. No es martes, no es jueves, no es julio ni enero, pero en marzo me introduzco a tus sueños jugando al tarot. El loco se cuelga de un árbol de moras. El tiempo es una botella de alcohol y tu cuerpo una galleta. ¡Basta! No quiero soñar más contigo y despierto al tiempo que despierta el dinosaurio y despiertas al tiempo que despierta la princesa muerta en su ataúd de cristal.
5:00 am
Tomas dos cafiaspirinas, café comprimido, para abrir los poros de la ducha. Tu cuerpo desnudo, níveo, tiene por tatuaje tu ombligo; diminuto cráter de la luna tejido en su redondez con hilos filamentos de rayos bicicleta, ombligo-cáscara-melón. El agua resbala sobre mosaicos de sirenas y talaveras flor de lis. El agua es tibia, el vapor de tu cuerpo en gotas de piel. Bostezas enjabonada, bostezas en la toalla que la envuelves entre tus cabellos como turbante talibán.
7:30 am.
Vuelves hacer la calle. Una bolsa plástica va y viene volando con el viento y se eleva. Le sonríes a un gay montado en bicicleta con su iPoo escuchando a Mercury, y el perifoneo del gas butano transgrede la paz de la mañana.
7:39 am.
No llevas al rostro maquillaje porque hoy amaneciste con unas inmensas ganas de cometer un crimen. La hiel te sabe dulce, se revienta, invadiendo tu cuerpo adrenalina porque esa suave sensación de matar invade feromonas.
7:59 am
Por vez primera te sientes segura: el crimen te ha enamorado. Tu bolso suena a celular, lo tiras al bote de basura y la insoportable, la estúpida voz de un hombre le habla a la bolsa de papitas, a las toallas sanitarias. Por fin te sientes libre y respiras el aire fresco de la tarde-noche.
8:01 am
Tu bolso carga un revólver de siete disparos y te sientes tan libre y tan segura como puta en su hábitat, como Santísima en el altar bañada de estrellas. Te detienes… te sientes perseguida. Volteas discreta, no percibes que robo una imagen de ti con mi cámara androide que se reenvía a la red. ¡Puta encantadora, llama en poesía! Entretanto, en otro lugar del mundo, un niño kindergarden hace su tarea, le explica a mamá que el cuadrado tiene cuatro partes iguales, y mami se lo come a besos; un rubio académico de Cambridge precisa a sus alumnos negros la aplicación de silogismo; un gusano de seda arrastra la metamorfosis; una mosca que se siente hombre asciende el faro Alejandría. Entonces, tomas un trago largo de agua y se te va el respiro. En el resuello repasas el día.

Segunda Parte:

8:00 am
¿Jueves o viernes? Tu bolso está frío, acaricias sensualmente el juguete del diablo. Entras al wc., de una mega plaza comercial; en tu espejo de aumento te acicalas el pelo. En tu mente los recuerdos te absorben como Bob Esponja y resucitas tu infancia. Haces ejercicios guturales de actriz profesional que no se escuchan por el flush del desagüe y secador de manos. Tus bragas fosforescentes esconden diminuta pistola. Haces gestos de actriz de Broadway y repasas el “that is the question” y tus labiodentales emiten: bbbrrrrr… bbbrrrrrrr… yamboo-yamboo… tucutútucutú… para afinar cuerdas bucales, tu aliento es de sidra. Relajas el rostro y la nuca haciendo giros en forma de ochos. En algún lugar de la selva africana una pantera macho eyacula 1956 veces desde que fue parida; y un ciego en Braille City, lee con su tacto el poema de una perra que muere en New York. Un joven le habla al lóbulo de la novia en una banca de los Champes Elissés: “Je t´aime beaucoup, me amour…”; un anciano lame las llagas de su costado en el muro del silencio Telaviv. Y de nuevo, flushsss… Sales al tocador, te miras al espejo: tu espalda tiene tres lunares masónicos; tu vestido estrapless, azul-demonio, hace que tu espalda luzca fría, tibia, la espina transparente como teclas de flauta transversal. De nuevo te encuerdas: Ommm… Mmmmm… Sssssssssssss…. Pronuncias la S crótalos: Y-Y-Y…y la i griega, la contienes en el pubis. ¡Gritas! Tremendo grito ahogado que dura lo que en otro espacio, grita una madre en el quirófano al perder a su hija adolescente muerta en tobilleras
–negligencia médica–. Gritas aquel grito ahogado cuando un bebé da sus primeros pasos, cuando alguien reprime un orgasmo, cuando un poeta escribe: “Así te ves mejor, crucificado”.
8:01 am
Estás loca, te lo han dicho muchas veces: “Estás loca”. Eres estrés, ansiedad, barbitúrico de Hollywood, eres el teatro de Artaud, belleza americana, eres la carcajada del gato, la casa de muñecas, el lunar de Marilyn, los versos malditos, el corazón de Julieta, la avaricia del misántropo, el olor de la guayaba, el ensayo del crimen, la bandida de Río Frío, el fistol del diablo.
8:02 am
En tu cuenta twitter escribes: Mis manos fueron jugadas por la luna. Abres tu pastillero, valium con sabor a menta. Te pintas el blanco con un bilé carmesí entre las sienes; te pintas el blanco en la yugular, femoral. Te preparas y te apuntas en una espiral de nervios; y el loco amor viene desatado en el recuerdo de las sábanas blancas maculadas de llanto. Estás prendida de un alfiler como mariposa monarca en el último piso que conduce al vacío. Revisas la recámara de tu revólver que apenas cabe en el milimétrico hueco de tu mano, Monte de Venus, destino aciago. En otros espacios un hombre le llora a su gato muerto, la novia al mariner, la viuda al amante, la veladora al difunto, la guitarra a la vida, la lluvia a la tierra, la estalactita a la gruta ¡Bang…! Tu cuello que mancha tus venas azules, la sangre es plumbago, la pólvora es china, radiosonato que huele a cartucho quemado; el humo detecta la alarma activada. ¡Oh, no! Turbulencia es respiro, el olor es de nafta y una lácrima negra tiembla en tu pestaña.
10:30 am
En el Teatro La Scala de Milán la ópera ha terminado: la luz es magenta, el corazón se te apaga, la mirada perdida, el deseo es tormenta, la música es súbita a las ocho con treinta, la muerte es estrépita, el telón que se corre. Ahhhhh… ¡Oh, sí…! ¡Sí…! La noche perfecta.


D.R. SOGEM


RICARDO PÉREZ QUITT debutó como dramaturgo en 1975, en el Teatro Gorostiza del INBA en el Festival Nacional de Otoño que representaba a autores muy jóvenes. Obtuvo la beca “Salvador Novo” del Centro Mexicano de Escritores; con los fondos tomó cursos en RADA, Londres y se nutrió viajando por el mundo. Para Ricardo el teatro no es el espejo contemplativo de otros tiempos; de serlo así, arremete con martillo para estrellarlo y mostrar las imágenes desconfiguradas de la sociedad de su tiempo: el dolor y la violencia. Pérez Quitt es un hombre de teatro de tiempo completo, edita la revista independiente Autores, especializada en artes escénicas, ha sido académico en instituciones de formación profesional del teatro, gestor cultural y funcionario. Ingresó al SNCA. Cinco palabras de Víctor Hugo Rascón Banda bastan para resumir su teatro: “Teatro irreverente, provocador, festivo, desenfadado…”.

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