ENTRE CAYENAS MORADAS DONDE VUELAS │ SANTOS LÓPEZ


Enseñanza del silencio

Continúa dormida mi madre sobre una estera blanca
Cuando decido abandonarla, irme a alzar el mundo.
No creo que despierte ahora cuando tengo que decirle
“Adiós, madre”, con nostalgia casi irremediable.

Sigue acostada, adornada su frente con nardos y espinos.
No creo que mi madre abra los ojos, despierte, beba agua.
Ella nada necesita: mía y pobre, mi madre es muy vieja.
Y los ancianos viven secos, tan cercanos en la paciencia.

“Me voy, madre”, le digo cuando estoy en plena salida.
Y no se inmuta, ni abre los ojos dentro de su cielo negro.
La noche remueve la trama de su rostro, huesos y cenizas.
“Madre, escúchame”, y me marcho hacia adentro.

Entonces decido callarme, morder así mi propia carne
Y tragar el verdadero polvo de un camino profundo.

De LOS BUSCADORES DE AGUA

 


Cayenas moradas

Amor, todo aquello que está dentro de ti me llama:
Tu lisura de domingo entre cayenas moradas
Donde vuelas y revuelas sin aliento;
Tus piernas que se juntan en el agua, se mojan
Y custodian un breve espacio de orillas;
El sudario de tu corazón sube y baja en la tierra,
Come fuego, lame sal.
Y tus muertos, que casi me lloran
Con voces aplomadas en la ceniza del cielo.

Amo en ti ese fondo de tinieblas nutrido de aves en la medianoche.

Amor, cuantas veces eres, cuantas veces te amo.
Ahora, ven y abre tu pecho de pelusa negra,
Enséñame el temblor.

De EL CIELO ENTRE CENIZAS

 


Jardín

Este jardín es guiado por el sol,
Lleva unas cuantas mariposas,
La rosaleda junto al muro,
Unas cayenas moradas
Y el quebranto justo de mi corazón.

Conozco su luz en el camino,
Su conversación
En la balanza de la tierra
Y su cercado de estacas
Porque vivimos la misma usura.

Este jardín es tocado por la lluvia
A encender su labio de agua,
Su novia alma de pájaro
Y su brisa que juega al robo
¿Qué pasión nos hermanaba?

Este jardín es,
A lo sumo,
El paisaje progresivo de mi casa
Y,
Un poco más allá,

Mi amante.

De LA BARATA

 


Una visita a mi madre muerta                                                                                                                                                                                                                                    I

Las ramas de la acacia, tras estos ventanales,
Decía mi madre, eran la seda del verano, la vigilia.

Reunidas a su sombra, las cabezas terciaban los consejos,
Alegres, sin escamas,
Bañándose en lo oscuro.

El árbol creció en la loma
Cuando yo era niño;
Ninguno pudo ver su vecindad con la casa,
La ventana, los ojos y el corazón de mi madre.

El agua que corre tranquila
Entre los huecos de las piedras
Lo regala todo, hasta su riqueza.

Las hojas, los agujeros de las palabras,
Palabras solas sin labios, cayeron en el agua.

Cuando Ellos regresaron
Y vieron a mi madre contemplando aquella acacia,
Aceptaron que el amor yacía sin cuerpo en una tumba.                                                                                                                                                  II

Perseguí el agua que en la tierra corría:

Un borde sin vientos
Que esparce nuestra mirada y servidumbre.

Interminable su acabar. Más nocturna.

Continué más allá de su cáscara
Y encontré la tierra roja de los muertos.
En su círculo comí, bebí, descansé.
Al despertar vi con asombro la cabeza de mi madre:
Era un hilito de agua en la piedra.

De LA BARATA

 


Pájaro Azafrán

(Fragmento inicial)                                                                                                                                                                                        I

mi corazón ha visto
el menos visto
el más vistoso pájaro
allá arriba
su poder para cantar
en silencioso clamor
no es deleite encima
de vida ni de nada
¿qué oigo?
¿qué quieres decirme?
si es capullo o calavera
pétalo o médula con miel
tu amor deshuesado mestizo
rosa enferma con gusano
anda y dilo de una vez
en gerundio o presente
deja ese barrido de hojas secas
sin vocales
cúbreme de arcilla
con tus alas
entretanto
veo la burbuja de la infancia
flotar
he visto lo que no puede verse
para no decirlo con lengua
ni con gagueo
pero sí sobre los filos
con hojillas curvas
con flores pintadas en paredes
contra toda lluvia de junio
boca lamosa
para pedir y mendigar amor
y amparo

he amado este pájaro
sin razón
lo mismo da
-por las noches
por oscuro
por oír el mundo delante-
sin preguntar si es jaguar
si rosa o negrísimo
con gozo y con rabia
como niño
desamparado en un hilo
mientras mi madre envejecía
mi madre fue también un pájaro
que abanicó sus alas
sin barullo ni indecible amargo
con susurro
titilo suave
y con un beso en la frente
gorjeo que dice y bendice
con venenoso cantar
pájaro
azafrán
canta
toda
la noche
al amor
escondido
del amor

De CANTO DE LUZ NEGRA

 


SANTOS LÓPEZ (La Mesa de Guanipa, Anzoátegui, 1955)
Poeta, periodista, narrador, gestor cultural y editor venezolano. Sus libros de poesía, Otras costumbres (1980), Más doliendo ya (1984), Entre regiones (1984), Soy el animal que creo (1987), El libro de la tribu (1992), Los buscadores de agua (1999), El cielo entre cenizas (2004), Soy el animal que creo (Antología, 2004), La Barata (2013), Azar de almendra (2016), Del fluir, Poesía escogida (2016), Canto de luz negra (2018). Licenciado en Comunicación Social (UCV), fue fundador y director de la Casa de la Poesía J. A. Pérez Bonalde, institución en la que organizó la Semana Internacional de la Poesía de Caracas, con 12 ediciones, y coordinó la realización del prestigioso Premio Internacional de Poesía Pérez Bonalde, en sus cinco convocatorias. Promovió, igualmente, el Concurso Nacional de Poesía para Liceístas, con once ediciones realizadas. También fue el creador y director del Festival Internacional de Tradiciones Afroamericanas (FITA). Dirigió las publicaciones, de la colección de poesía La Diosa, Ediciones de la Casa de la Poesía Pérez Bonalde. Recibió el Premio de Narrativa de la Universidad Central de Venezuela (1979), el Premio Municipal de Poesía de Caracas (1987 y 2001), y fue Primer Finalista del Concurso Bilingüe de Poesía Le Courrier de l´Orénoque, de Bensaçon, Francia (1994). Ha participado en festivales y encuentros poéticos en Portugal, Francia, Colombia, Cuba, México, Chile, Bélgica, Benín y Austria. Sus poemas han sido traducidos al inglés, alemán, francés, chino, coreano e italiano. Sobre la poesía, López reflexionó y escribió bellamente, “La poesía es luz y misterio cuando el poeta está en completa alineación con el espíritu. Así invoca y crea. Cuando dice lluvia, la lluvia aparece. Cuando dice verdor, la plenitud de la hierba resplandece. Cuando dice madre, aparecen sobre el viento miles de pájaros misteriosos en la bóveda de la noche, y cuando dice piedra, aparecen las estrellas en el cielo…”

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