Elizabeth Schön

Para mirarla raspamos el cielo y se desprenden las nubes la lluvia, la centella lo luminoso, esférico, espacial desde el primer instante del sol. Ni aun así concluye nuestra reyerta contra la inmensidad como si a la flor no pudiéramos arrancarla de los cielos, de la tierra donde cabe lo que se dice de ella nunca parecido a cuando vive dentro del largo pasadizo del alma. Decimos amor y nos rebasa la blancura de lo exacto. Así el ventanal de la flor inalcanzable. Al barco no se le llama...
  • julio 17, 2020
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