Rafael Tiburcio

Que caigan cien anatemas. Que mi lengua se anude y los dientes la desgarren, que ningún canto germine, que mis manos se derrumben con el viento.   Que caigan cien anatemas. Que mis padres me maldigan, que las casas que edifique se colapsen, que la alquimia me abandone. Que los planetas estallen, silenciosos, que las nubes se dispersen a mi paso y la luz de las ciudades oscurezca las estrellas.   Que caigan cien anatemas. Que mi cuerpo, cáscara desmemoriada, se pierda entre las naciones y mendigue amor durante...
  • julio 2, 2020
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