TALUD | ALEISA RIBALTA


Amarelo*
 
Viste una foto del otoño,
te pareció que allí faltaba algo.
  
Abrimos una revista de moda.
Pásame las tijeras. Toma.
Recortaríamos a esa muchacha
que nunca había visto el otoño,
era tan probable que no lo entendiera.
La dejaríamos sola en ese crepitar
de hojas bajo los pies.
  
Fue ella quien de repente empezó a sentir
que allí seguía faltando algo.
¿Ahora qué hacemos?
Recorta un perro, pinta una luna,
¡haz algo!
Ya está: un perro.
La luna no, que es demasiado.
  
Dejaríamos que caminara
así, crepitando bajo los pies las hojas.
Nos dio la sensación de que tenía
que encontrarse con algo.
¿Alguien? ¡Sí, recortamos!
  
¿Este tipo tan triste?
¡No! Tiene que haber otro.
Bueno, éste está
que se sale de contento.
Lo recortaríamos y le saldría al camino.
  
No la mira. Está ido.
Va por ahí cantando… qué de pájaros.
  
Empújalo un poquito. Pega ahí.
¡Se escapó el perro! ¡Ella, qué oronda!
Ya está, ahora déjalos darse un beso.
  
*Talud (Ekelecuá Ediciones, 2018)

Piedra Blanca*
 
Este es un poema para inventar a Ulises,
para ponerlo como siempre a prueba.
  
Sabe que estoy sentada frente al mar,
que oigo cantar a las gaviotas, y no vuelve.
  
La última vez nos amamos
en este motel sin ventanas de la costa.
  
Este es un poema donde estoy sentada
sobre piedras blancas que no lo son.
  
Todos los peces que encallaron aquí
perdieron el camino al mar, sedimentados.
  
Sobre los esqueletos de miles de peces
se formó la arena blanca de la espera.
  
Ulises, estoy en Piedra Blanca. Honda
la bahía, frente al mar, ¿lo recuerdas?
  
*Talud (Ekelecuá Ediciones, 2018)

Breve historia del tiempo*
 
      Con permiso de Mr. Hawking.
 
de los fluidos, la luz
de las magnitudes, el tiempo
de las fuerzas, la gravitacional
de los agujeros, los negros
de las teorías, la de cuerdas
de las paradojas, la del gato
de los planetas, el nuestro
de los cuerpos, el tuyo
de los flujos, el pre seminal
de los efectos, el de resonar
de los instantes, esequetúsabes
de lo que fuimos, nada
  
sí, el universo
es un gigante
nosotros
una milésima
despreciada
que no cuenta más
que en el recuerdo
que es a la vez
otro dado
que lanza
Aquél que juega
por juga
  
*Talud (Ekelecuá Ediciones, 2018)

Campo de Marte*
 
Molote de habaneros
en componenda y mal
ataviados en verano.
Toldos transmutados
en sensacional artefacto.
Portugués y elegante,
mas bien improvisado.
¡Bigotes! ¿Tirantes? ¡Saco!
Pajarita… casi un ingeniero…
¡Ah! Ir por arte de birlibirloque
de inventor a personaje.
Ese Pérez, el toldero
navegante del gran heliotransporte
dispuesto a tales hazañas
en la urbe más propensa.
¡Sea la debacle! Grandilocuente es allí
todo como nosotros mismos.
  
Globo que elevárase
repentino delante de los
atónitos y desventurados
ojos del distinguido
para perderse en un punto
cada vez más lejano
hasta dejarnos solo
la certeza de que aquí
todo lo que no vuelve
(el amor, por ejemplo…)
es porque ha volado
¡como Matías, sí! Pero, ¿a dónde?
  
*Talud (Ekelecuá Ediciones, 2018)

Urbe de la nada*
 
                  A Javier Marín.
 
Ninguna ciudad se parece a ésta,
me ha dicho el visitante.
  
En los atardeceres amargos,
fachada por fachada se sobrepone
de un todo que destiñe
y emerge sobre las olas,
como buen arcoíris
después de tanta lluvia.
  
La ciudad de las nostalgias,
y de los nostálgicos que la habitan,
ha dejado de existir.
  
Una parte de sí ha huido
tras el recuerdo
de lo que fue.
La otra se resignó con
lo que sueña ser.
  
Este ir y venir entre la realidad y la fantasía
la hace humana, luego ninfa,
hasta volverla diosa.
  
Y un día cualquiera de no sé qué año,
te sorprendes adorando
la criatura de tu propio engendro.
Cuando te acercas a ella,
atraído por el influjo marino que despide,
eres sólo un soñador errante.
  
Pero cuando te arrastras
a refugiarte en su seno,
sorbido violentamente
por sus afrodisíacos vahos,
eres ya un perdedor,
un torpe enamorado de la nada.
  
Ninguna ciudad se ama como esta,
concluye el visitante.
Y se marcha alucinado.
  
*Talud (Ekelecuá Ediciones, 2018)

Nocturno*
 
Rosario de guirnaldas, la ciudad,
en las aciagas noches finge
despertar de su letargo.
Vuelve a sacudirse fiel
al estallido de su hora. Y como
  
recordar querrá a los piratas
un ojo: aquí nada ha cambiado,
sobre cada disparo nos renace
aunque la farsa perpetuada
dure solo un instante. Sea
  
la comedia suficiente para que
el corsario, corra en estampida
a cualquier madriguera, máscara
en vano, y ya ebria quédele el alma
con vino de sus mujeres. Mañana
  
despertaremos menos
inocentes, nos habrán poseído,
y volverá, como a cada novena
hora de la noche,
el recuerdo, azotando,
otra vez, la conciencia.
  
*Talud (Ekelecuá Ediciones, 2018)

Aleisa Ribalta. (La Habana, 1971). Reside en Suecia desde 1998. Es poeta y coordinadora cultural. Ingeniera de profesión, se desempeña como docente de asignaturas demasiado técnicas y no directamente relacionadas a la literatura como: Diseño de Interfaces Gráficas, Diseño Web y Programación de Aplicaciones. Ha publicado Talud (Ekelecuá Ediciones, 2018), su primer poemario, que apareció traducido al catalán recientemente en la edición bilingüe Talús / Talud (bokeh, 2018) y Tablero (Verbo (des)Nudo, 2019). Tiene en preparación los poemarios Cuaderna, bao y regala y Poemas Intersexuales.

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