TIERRA DE NADIE | HAROLD CORTÉS


CIGARRILLO

Compras dos cajetillas de cigarrillos.
Las guardas, cada una en un calcetín,
como quien oculta un fajo de dólares
o un revolver.

Esculcas en tu bolsillo derecho del pantalón
una cajetilla más, esta vez empezada,
de la cual tomas un cigarrillo;
lo pones en tus mórbidos labios,
ya marchitos, como una llaga podrida.

Inhalas. Inhalas.

Una valla publicitaria te oculta el rostro.
Humo gris gravita en el aire.
Hay una expansión del vacío interior,
un vuelco hacia la profundidad.
El humo inspecciona cada recamara
de esa casa vieja; transita los pasillos deshabitados por el silencio,
la monotonía y el cólera.

Los retratos de una enfermiza
relación matrimonial
aparecen en una respiración trémula.

¿Sabrá la noche de tu condición,
de tu imposibilidad de retorno?

La estela de humo es semejante
a los restos de una cremación.
Y así, suspendido en la incapacidad
de asirse a nada concreto,
la tarde podría parecerte larga.
Lo es, en efecto: una fracción de vida
evaporada en lo que queda
de la desesperación; el fracaso de lo porvenir,
tu incapacidad de modificar el presente.

Inhalas. Inhalas.

Y al volver tu cuerpo hacia el alba,
exhalas las miserias del día anterior.


TOMAR UNA DUCHA

«Las ciudades, como los sueños, están construidas de deseos y de miedos, aunque el hilo de su discurso sea secreto, sus reglas absurdas, sus perspectivas engañosas, y toda cosa esconda otra».
Italo Calvino.

Limpio mi rostro en un charco de agua;
restriego mi cuerpo con una reflexión
como si un estropajo me blanqueara
el alma o la conciencia.

El baño, oscuro y trémulo, me invita
a la memoria; abro la llave y tomo
con las yemas de los dedos un trozo
de fe para no morir de pena moral.

Mi piel es excremento de ángeles caídos.
El pelo huele a miradas graves,
mentiras piadosas; la hipocresía
acumulada en el contacto con la gente
hace perder el hilo: estamos sucios.

De mis ojos brotan lagañas de estupor;
levanto el índice y el pulgar,
me arranco las pestañas o
remuevo de mi barba las arañas que
huyendo de las oficinas públicas
se metieron por la ventana.

Sin pensarlo demasiado,
termino siendo una suma de partículas de polvo,
la mugre que surte las calles cada mañana o
el escupitajo indigente que sueña con ser gobernador.

Soy una calle solitaria por donde nadie transita,
ni fantasma o demonio.
Soy humo de alcantarillas,
vómito de estatales o hierro frío;
soy un latino sin olor a Francia:
la escoria. Lo que queda o lo que sobra.

No peguntes por qué me lijo la piel con un poema
mientras silbo las canciones de Beethoven;
en este baño, en cuya sombra el vaho
por mi cuerpo corre ¿acaso no soy yo
la suciedad de nuestros pueblos?
¿Acaso no somos lo que queda del roce de las pieles?

El ritual no dura, y sin embargo,
al sonar del segundero, recupero el ademán;
Un vecino toca la puerta,
me pide que ahorre un poco de agua:
todos necesitan blanquear su alma
para ensuciarse de la vida un día más.


TIERRA DE NADIE

Han mudado los días;
el temor a lo incierto se desvaneció
en un sentimiento curioso.

Una necesidad de explorar y de explorarse
nace en la ebriedad del alma.

Un saludo se asoma en la boca,
tejer una tertulia con los hilos de la noche,
robarse una sonrisa
o un nombre para recordar.

Habitar lugares ajenos
es querer recorrer
nuestras calles y pasillos.
Nos esforzamos por diezmar lo incierto
y vamos, sin saberlo, caminando nuestros pasos perdidos,
intentando meter las horas de esta ciudad
en nuestro reloj de lunas:
figuras o formas en álbum de memorias.

Buscamos caras conocidas en las nubes
o soñar despiertos;
Preguntas a una pintura
sobre el retrato de un hombre o una mujer.
¿Seré yo la noche que se presta para la tertulia?
¿O las horas perdidas de un reloj color de nácar?


ALMA DESNUDA

El agua engendra al agua
en la estreches de un contacto;
el viento habla recuerdos
o un cálido amanecer en remotas estancias.

En un desliz el alma se desnuda,
se suspende en la quietud del río;
el cuerpo queda a merced del recuerdo,
y las cicatrices, hasta entonces dolientes,
hacen un monologo al fracaso.

Somos la suma de nuestros dolores;
sombras en cuerpos de tortura
u hojas de escribano
dispuestas al capricho de los dioses.

Por las riberas del río se oye la ciudad
Parejas disertan el porvenir;
la tarde, como animal herido,
se esconde en los edificios
atravesada por nuestro dolor.


JESED

Hoy, esta noche, me reúno a solas
con todo lo que he perdido
y con el futuro también.

Aquí algo crece y se pierde a cada instante
algo intenta durar mientras observo
las diminutas luces de la ciudad.

Porque se ha cerrado la noche
y he dejado mi promesa abierta
la dura confesión no escrita de ti.

Miro a mi alrededor: obscuridad y destierro
aquí desembarcaron
una incertidumbre que devora
los confines del aire.

¿Para qué estoy aquí, expiando
el crimen en este frío calabozo,
ciega irrisión y afrenta del paraíso?

Mientras pasa la hora junto a mí
luz y noche se confunden
abres el cerrojo dulcemente
como llama calcina a mitad
de este desierto encendido.

Te vuelves sobre el dolorido
y silencioso estruendo del olvido
a la amada figura de Jesed:
ese perdón no dicho que das a luz
en la triste noche de la misericordia.


Comunicador social, periodista y escritor colombiano. Director del ecosistema de periodismo y literatura transmedia Libreta Negra. Publicó de manera independiente el libro de cuentos Un crimen sencillo (2020), Narrativas transmedia a partir de libros de ficción y no ficción (2020) y el poemario transmedia Tierra de nadie (2018). Sus poemas y crónicas se han incluido en antologías como Nueva Poesía del Valle del Cauca (2020), Memorias del XVII Festival Internacional de Poesía de Cali (2017) y Ciudad Crónica 2 (2017). A su vez, sus cuentos han sido galardonados en distintos certámenes literarios como Palabras Autónomas y «Villanos» de la revista Mitos Magazine. Como periodista ha trabajado para El Espectador, Colombia 2020, Semana Rural, El País de Cali y Noticias RCN, desde los que ha recibido reconocimientos como ser dos veces finalista de los Premios de Periodismo Alfonso Bonilla Aragón (2017 y 2018) y ganador en el VIII Premio Internacional de Periodismo Alberta Giménez en Mallorca, España, como segundo mejor reportaje sobre derechos humanos por su crónica Camino a la Esperanza (2017).

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