LOS LOBOS NO TIENEN DESCANSO | VENUS IXCHEL MEJÍA


LOBOS

Hay lobos afuera, hija, lobos que presienten tu piel y tu sangre; lobos que pueden saquear los calendarios tan solo para tocarte. Hay lobos enfurecidos con la frescura de tu vientre, lobos inquietos por el devaneo de tu pelo y el instinto de tu llanto.

Hija, los lobos no tienen descanso, ellos ya no encontrarán la calma mientras el rocío les recuerde el aroma de las niñas. Hay lobos también en las casas, hija, lobos que sonríen mientras hacemos la oración de los alimentos, hija, lobos que salivan cada vez que te sientan en sus piernas para contarte una historia.

HOLA

Una hoja tiembla
en la esquina de la memoria,
relata mis horas.

Veo el horizonte
desde la tramoya:
el maniqueísmo de su aura,
el futuro en la sala de espera.

La muerte escucha mis penas
desde su regazo de madre sustituta.

El presente es un enemigo
de pasos embotados.

Ni las bocinas ni los disparos
han enturbiado
este silencio felino entre mis piernas.

Las tardes me han abandonado.
Cogieron la última moneda de luz
de la mesita de noche.

Han pasado
a deuda pública
de la melancolía.

De: Manifiesto de la Mujer Lobo (2018)


PRAGA

A manera de difuminados cronopios en el puente del Malá Strana, sobre el terciopelo índigo del Moldava, estamos vos y yo, hacien¬do escala onírica bajo la estoica vigilancia de San Juan Nepomu¬ceno con su mueca de angustia.

El abrazo polar va disolviéndose entre nuestros abrigos comer¬ciantes de caricias. El trémulo vitral del Moldava es una batalla de esgrima, una melodía gótica en el pináculo de la nostalgia.

Quizá desde el Callejón del Oro y la Alquimia nos mire Kafka con sus prismáticos de parábolas, ante el ceño fruncido de Max Brod que trata de hilvanar en un garabato una madriguera de confiden¬cias.

Más tarde iremos al Don Giovanni en el Teatro Estatal, si Sme¬tana no nos asalta en el camino con la estridencia de un acorde disminuido.

Nada entorpece este boceto cerúleo con afilados celajes que nos mira desde arriba. Es un cardumen detenido a mitad del asombro. Nada de nuestra mirada sorprende si no nos llenamos el alma con los labios. Así que, a mitad del vacío, nos decimos los besos a manera de confesiones medievales, nos tomamos de los ojos y apelamos a la complicidad de las manos.

Hay un vino bajo el sortilegio de la Bohemia que nos espera. De pronto, el boceto se diluye con una inusitada lluvia. Hay una mano que me sujeta, hay un pez traslucido que se queda prendido en la mirada. Hay una súplica de pez y mano en tu boca que me repite hasta perderse en una bocanada de suspiro: no te despertés todavía, quédate conmigo en Praga.

 


Venus Ixchel Mejía. Tegucigalpa, Honduras. Poeta, editora y cantautora. Catedrática de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Ganadora del primer lugar en el certamen de narrativa breve: “Julio César Anariba” 2017. Su obra ha sido parcialmente traducida al inglés y al italiano. Algunas publicaciones: Poesía: Ad Líbitum, Editorial Ixchel, 2012; Venus [in] Victa, Editorial Ixchel, 2016; Manifiesto de la Mujer Lobo, Goblin, 2018. Antologías poéticas: Soles de Media Noche, México, 2014; Women’s poems of protest and resistance, Honduras (2009-2014) Casasola, EU, 2014; Chamote, una amalgama de voces poéticas de nuestra América, Punto de encuentro, Argentina, 2015; Voces de América Latina, MediaIsla, EU, 2016, Antología Ladrones del Tiempo, Colombia, 2019. Narrativa: Antología de narradoras hondureñas ANDEH, Paradiso, 2016.

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