BAJO LA NOCHE | YAMILA MARZAN


IDEALIZACIÓN
Acostada, desnuda sobre almohadones de seda.
El cuerpo, cubierto con hojas de álamo.
Alpiste a mí alrededor.
Toda la piel, fecunda, lisa; muy suave
como los labios y las palabras que salen tibias
y rozan todos los esquemas del amor.
Los dientes, una hilera de soldados lumínicos.
Las uñas, rojas, muy rojas
aparentando un suicidio enloquecedor.
Y las curvas, sagaces.
El aire desprende olores de otoño.
Todo gira lentamente
muy lentamente.
Los rayos del sol entran opacos
por las puertas del alma:
donde duermen hombres de atrás,
de donde las margaritas eran buen regalo.
¡Ningún cuerpo es más sutil que este cuerpo!
¡Ningún espíritu es más osado y tímido a la vez!
Las hojas anuncian equidad.
La plata es la misericordia de la propia plata.
La plata adorna mi cuerpo tendido en el cruce
por donde viajan perfumistas, campesinos, ladrones…
Ningún hombre advierte la imagen purpura
conseguida con la dureza del momento.
Ninguno revienta de emoción
ante tal atrevimiento
y saborea sus labios como señal de toro.
Ninguno se yergue y besa mi mano colérica,
con devoción
o simpatía.
Ninguno se masturba
y expulsa semen contra mi cuerpo idealizado,
ido por completo de fechas erráticas,
aniversarios cóncavos.
Ninguno me aprieta en su regazo
como a un animalito en celo
y me llama reina,
o simplemente puta.


PUNTOS LIBRES
La desnudez…
El vapor salitroso…
El mar entrando al cuerpo,
exaltando todos los puntos libres.
Las manos dan contra el agua.
Las manos chapotean y luego flotan dejadas al amor,
idas de la realidad.
Solo los muslos perciben el triunfo,
el éxtasis que provoca cada movimiento;
ondulación visceral.
En el ombligo encallaron peces locos,
dorados
dirigidos al absurdo,
a donde nadie había podido llegar
porque este cuerpo es un fantasma
de una época entrada en años,
lunática.
Hay danza de tetas: “El lago de los cisnes” tal vez,
o “Giselle”.
Las caderas aún sienten el desquicio del mar.
Es el cuello, cortado por el agua,
quien más disfruta de la línea onírica,
divisora entre lo existente y lo fugaz.
Y los ángeles, abordan el momento
como sí la muerte se redujera solo a eso,
a un golpe de olas.


OBSESIÓN
Conversaciones sobre la deslumbrante escena erótica
del filme surrealista Starfish.
Ella, cruzo el pie, despacito;
melancólicamente como quien no quiere ser advertida
y quiere ser advertida.
Los ojos de él siguieron la trayectoria del muslo.
Todo el muslo, maduro, sensual como el invierno
cuando se topa con escaramuzas recurrentes.
La pierna fue y regreso varias veces
en un movimiento nervioso,
egocentrista pero nervioso.
Era un vestido azul de florecitas blancas,
acampanado,
con un vuelito tierno de hombros locos.
Él, puso la copa sobre la mesa de noche
y en un descuido planificado
rozó el muslo, alargado hasta el ángulo oeste
de aquella mesita pecaminosa.
Eran las doce de la noche
y la botella de vino se imponía dramática.
Él, se acercó bruscamente.
Las manos de ella eran codornices de lluvia
y fueron a parar entre las manos calientes
de aquel hombre obtuso.
Él, repetía la misma frase (una y otra vez):
-Déjame despertarte con un beso…


BAJO LA NOCHE
Bajo la noche, las carrozas de fiesta
fusilan.
Las bailarinas visten blusas muy cortas,
sayas muy cortas
de muchos colores briosos,
y estampillas superficiales.
Mueven las caderas, los brazos…
con la pasión de unas horas de carnaval.
Y se vanaglorian de tales figuras lucidas
que emanan con la facilidad del loto.
Exhiben sus bellezas por encima de los hierros serpentinosos,
que aguajean al compás del baile exacerbado.
Los bailarines, sin camisa,
pantalones ajustados a las piernas,
escandalosos de músculos parten la noche por la cintura.
Los machos afincan el pie derecho
pegados a las hembras,
a sus nalgas redondas (escogidas por un jurado mixto).
Las hembras, atrincadas contra los huevos de los machos,
gobiernan el mundo por unas horas de festejo
(y provocan gran hormigueo al espectador).


YAMILA MARZAN. Cuba, Pinar del Río, 1966) Poetisa. Escritora para niños. Licenciada en matemática. Es profesora instructora de literatura en la Casa de cultura Mirta Aguirre desde el año 2016, donde dirige el Taller Municipal. Ha publicado los libros de poesía “En el ojo del cuervo” en 2008, “Manjuarí” en 2016, “Compendio ancestral” en 2019, por Ediciones Loynaz; “Equinoccio”, libro digital en 2021, por Circuito Cerrado. Poesías suyas aparecen publicadas en el periódico digital “El explorador” en 2017, en la revista “El mar y la montaña” 2018 y en la revista “El humo” en Colombia 2020. Fue premio Nacional “La Enorme Hoguera” en 2018, con el poemario para niños “Hierba roja”.


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