NOSOTRAS, LAS VERDADERAS LOBAS | YESENIA ESCOBAR ESPITIA


NOSOTRAS, LAS VERDADERAS LOBAS

“Ignoramos nuestra verdadera estatura
hasta que nos ponemos en pie”.
Emily Dickinson

Nosotras hemos desandado el mundo
con las sierpes de barro seco
mordiendo las sandalias,
con el pecho desnudo ante el embate del sol,
de la naranja podrida que arrastra el infinito.
Hemos amamantado a los hijos del maíz,
a los que la tierra no pudo darles nombres,
los que fueron paridos en burdeles
o en sábanas de fique bañadas en hollín
y por eso guardan en sus pieles
el azabache olor de las cocinas.
Nosotras,
las que bautizamos cuervos en las iglesias
esperando que un día no nos saquen los ojos,
las que lanzamos cantos a la lluvia
porque ella lava de nuestro rostro la ceniza
y nos recuerda que también somos bellas.
Nosotras,
las verdaderas lobas,
no horadamos la noche con libélulas azules
ni vestimos la nostalgia
con el blanco ajuar de una luna nueva,
nuestro aullido se yergue como un trueno en la estepa,
como roca estridente,
¡Cuánto esplendor ostenta un espíritu salvaje!


UN POEMA A LOLA

“Si ni siquiera nuestros cuerpos
nos pertenecen, ¿qué nos queda?”
GLORIA STEINEM 

 

No escarches más tus ojos, Lola.
Las húmedas nostalgias ya pasaron,
aunque las babosas sigan horadando tu cuerpo.
La niña en el espejo no se ha muerto
y la lluvia fresca de la infancia raptada
continúa cayendo sobre la flor amarilla
que fue sembrada en tu vientre cuando tú no querías.
¡Cuánto lo siento, Lola!
Lamento no haber sido lo suficientemente madre,
lo suficientemente hija,
lo suficientemente hermana,
lo suficientemente amiga,
para salvarte del cepo que te había tendido el mundo.
No puedo devolver el brillo a tus ojos,
ni brindarte el auxilio que se ahogó en tu garganta,
mientras los ratones hacían de tu piel su ratonera.
¡Cuánto lo siento, Lola!
Mi alma, tan vacía como la tuya,
solo tartamudea,
apenas queda lugar para un poema.


JUANA.

“Nadie me conoce o me ama enteramente.
Sólo me tengo a mí misma”.
SIMONE DE BEAUVOIR.

Juana camina.
Sus piernas desnudas, de joven antílope,
hacen voltear los ojos, cuál columpios,
perturbando con su andar
hasta el polvo de los andenes.
El firme contoneo de sus caderas todo lo puede
y por eso sonríe,
cuando ante su escote se persignan hombres y mujeres.
Es medio día.
Pero el brillo del sol no ha caído en sus manos
y los lobos hambrientos le arrancarán el fuego de la boca.
Así que enciende un cigarrillo y espera
a que llegue un carretero y la invite a su carruaje.
Hoy tampoco se romperá este círculo.
Cuando el camino sólo tiene cuatro esquinas,
cuán triste es ser bella y llamarse Juana.


Fotografía de Arturo Rivera.


YESENIA ESCOBAR ESPITIA. Escritora, docente-investigadora y abogada afrocolombiana, activista afro feminista. Actualmente, estudiante de doctorado en español y profesora asistente de Español en la Universidad de Temple, Filadelfia, Estados Unidos. Nacida en Barranquilla (Atlántico- Colombia). Publicaciones: ¿En dónde estás Masmelo? Ven pronto a jugar (Cuento infantil ilustrado por Giovanny Rodríguez Urrego). Ensueño negro del África mía (Poemas). Mamá Avó (Cuento Infantil ilustrado por Alexis Barroso).


 

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