UNA NOCHE DE SÁBADO EN SODOMA | YHONAIS LEMUS


“Y cuando el sol está abajo y los rayos en lo alto,
puedo verlo ahora, puedo sentir que muero.”
David Bowie

En la entrada los enanos acercan las bandejas,
cada línea de fuga, cada raya, invita a un cuento
que inicia detrás del espejo de Lewis Carroll
el conejo sobre los segundos se va a la madriguera,
allí todo arde, el fuego leve va consumiendo las vísceras,
la música es fuerte,
los cuerpos se entregan por entero a la finitud de una noche
senos, ombligos, muslos, penes, vaginas, rostros,
parecen ser más reales, afinados al tacto, a los fluidos, al sudor,
algunos paladares no están para langostas, ni caviar
sólo quieren el sabor de un sexo abierto que chorree a gritos
el goce acelerado de las pulsaciones a punto de romperse
ante la fijación autodestructiva de la fuerza impulsora, contorsionista,
de buscar y encontrarse en bocas hambrientas y viciosas

El vacío se expone a los cócteles,
a la lucha libre en las bañeras llenas de hígados,
a las plumas y a la sangre de los pollos degollados;
porque cada ceremonia ancestral merece sacrificios,
a la piel con o sin disfraces;
porque todo es verdad en los festejos dionisíacos

Se intuye que culmina la historia cuando interroga la oruga:
– ¿Quién eres tú?

Contesta Alicia:
– Pues yo…, yo, ahora mismo, señora, ni lo sé…Sí sé quién era cuando esta mañana me levanté,
pero he debido de cambiar varias veces desde entonces.

luego de las horas desenfrenadas, con la hibris dormida,
la luz del día muestra la miseria de los trozos de almas tirados por los rincones,
alguna ropa interior olvidada, un retrete lleno de vomito amarillento
rostros con maquillajes corridos, vasos rotos,
y la grieta en el salón que asoman las sonrisas de quienes saben que todo valió la pena
y que lo volverían a intentar una y otra vez, una y otra vez
aunque no haya respuesta.


“Mis desequilibradas palabras son el lujo de mi silencio.”
Clarice Lispector

Quién dice que un poema debe ser leído en voz alta
para quién esta voz rota
para qué el silencio del entre de cada palabra
para quién y para qué estos sonidos que voy articulando:
este goce inútil de mi voz
este gasto improductivo
este juego del lenguaje ignorado por Wittgenstein
esta cadena de significantes
este desgarramiento
de trozo y trazo ovárico
para quién y para qué el rastro salvaje, fragmentado
que se piensa así mismo:
aullido de loba feroz a quien le han matado la cría
o aullido mudo de cachorro que no fue
o que es en esta línea de sangre
porque aquí, donde pongo la palabra, pongo el cuerpo
la mano derecha, el brazo, los ojos
también pongo un pie y la rodilla
y me escucho y siento sonoridad
de algo que está vivo
que late como un corazón sin cuerpo
extensión imaginaria que me divide
y parte de la pulsión de las arterias, la aorta
de aquí la imagen que se yergue de todas las no imágenes
que alude a la propia imagen vacía

para quién y para qué el simulacro de las máscaras
el intento del poema que en breve
permanecerá mudo
y solitario.


“El chorro de sangre es poesía,
no hay cómo detenerlo”.
De Amabilidad/Kindness
Sylvia Plath

No quiero hablar de la materia del silencio
voces desprendidas de las carnes
sino del cuerpo de un sonido distinto
más grande y claro
quizá
parecido a ese que incubamos en la garganta
tan tímido y humilde que aguarda en la orilla
de su propio nacimiento
hablar del alma de un pre-sonido distinto
de prefiguración del cosmos
cadenas de letras en una cinta de moebius
invisible
perforadora del espacio
que con el puro designio suspendido
absorbe los volúmenes y las densidades
todas las cosas regresan a la posibilidad de ser otras
por ejemplo:
lámpara cristiana se aparea con armario ateo
tiene hijos picaportes gnósticos y puertas iconoclastas
canta para sí el inmenso átomo
no hay trampa
dentro y fuera de una unidad
vibran decenas y centenas
que desmantelan la fenomenología
(esta distancia es parte del juego de percepción)
quiero hablar es del tuétano inefable
del vacío que dejó la raíz
del árbol arrancado de la existencia
respiración condensada e inmanente
quiero hablar y hablo de la piel
y de los huesos de la potencia del no
pre-himno antecesor al verbo.

 


YHONAIS LEMUS es escritora venezolana (1988), profesora a nivel secundario y terciario de Castellano, Literatura y Latín. Ha publicado La trascendencia de los insectos (2008), Hilos celestes (2013), Entre el rostro/rastro de Clarice Lispector (2018) Destellos Acuosos (2019) y Memorias de la piel (2020) Su poesía ha sido traducida al inglés, francés y alemán. Cursó una Maestría en Literatura Latinoamericana en la Universidad Simón Bolívar, institución de la que fue parte del equipo docente. Actualmente se encuentra residenciada en Buenos Aires y cursa una Maestría en Análisis del Discurso en La UBA.


 

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